Para el Día del Maestro

El espacio que nos abren los actos escolares hay que saber aprovecharlos para que dejen un mensaje, puesto que la comunidad educativa se da cita y en ella acuden personas de diferentes generaciones, por consiguiente es un buen momento para transmitir pensamientos, valores sentimientos y tener una mirada retrospectiva sobre nuestro accionar docente y a su vez proyectar ideales.

La educación argentina se ha visto sujeta a los aciertos y desaciertos políticos, viéndose algunas veces impulsada y jeraquizada y otras veces pasó inadvertidas por los gobernantes.

Por suerte la férrea vocación y convencimiento de muchos maestros hizo posible llevar adelante sus el verdadero rol de la escuela.

Es necesario remarcar que la constancia de los maestros para enseñar y cumplir con sus propósitos es fiel a sus designios, nada los detiene y logran descubrir que van por la senda correcta cuando reciben, con inmensa alegría, los logros de sus alumnos.

Se debe valorar todas las áreas por igual, todas darán su aporte valioso, complementarán la formación de los niños y les permitirá revelar curiosidades en cada materia, conocer más y definir una vocación.

Recordando la labor de todos los educadores y en especial todo el impulso e importancia que le dio Sarmiento a la educación, es oportuno seguir transmitiendo valores.

A los maestros nos fortalece el reconocimiento a nuestro trabajo, el esfuerzo y la dedicación que en él ponemos cada día. Lo podemos comparar, si se quiere, con una plantita: cuando sembramos la semilla no vemos la hora que crezca para disfrutar de su presencia, y por eso le damos todos los cuidados que necesita como agua, aire y sol. En la docencia pasa algo parecido: cuando recibimos a un nuevo grupo ponemos muchas expectativas en él y le ofrecemos todas las herramientas necesarias para que puedan adquirir las competencias necesarias e implementarlas en su vida diaria, los guiamos y vemos como crecen día a día como personas . Esa es nuestra mayor satisfacción.

Si echamos un vistazo en nuestra historia veremos maestros con gestos muy adustos y con marcada distancia hacia sus alumnos, pero en cada momento de la historia los maestros han dado lo mejor. Su forma de proceder siempre estuvo acorde a las costumbres de la época. Hoy todo ha evolucionado, la sociedad por ser un sistema dinámico está en permanente cambio y muchos valores han variado y otros están en peligro de extinción. Es función de las familias y de los docentes defender los valores en la sociedad.

Hay aspectos que inevitablemente se han adaptado a las necesidades y a la realidad socioeconómica por la que nuestro país ha transitado.

Nos ha tocado vivenciar circunstancias difíciles, pero siempre sacamos un as de la manga para hacerle frente a la adversidad.

El mejor ejemplo que podemos mostrar en un acto para el día del maestro es la perseverancia, ya que se puede aplicar en todos lo órdenes de la vida, mostrar la diversidad social como un abanico de nuevos desafíos, el respeto por nuestro trabajo y por el ajeno, la amistad como el bien más preciado que desde pequeños se debe aprender a encontrar y valorar.

Mostrar el paso del tiempo, reflejar los proyectos y expresar los sentimientos nos hará viajar a través del tiempo y en su trayecto descubrir valores.

Una propuesta para homenajear a los maestros en su día es el siguiente cuento que mientras se avanza en su lectura se hace lo mismo con la vida de cuatro mujeres, que simbolizan y representan a cientos de docentes. Mostrar el paso del tiempo, reflejar los proyectos y expresar los sentimientos nos hará viajar a través del tiempo y en su trayecto descubrir valores.

Prof. Graciela Noemí Monescau.

“Desde siempre y aún después”

Dedicado para aquellos maestros que recién emprenden este camino, para los que hace ya un tiempo que somos docentes, para aquellos que pronto se alejarán de las aulas y para aquellos que ya se alejaron de ellas, pero nunca de su vocación de enseñar.

Los amaneceres indican el comienzo de algo y nos regalan la oportunidad de volver a empezar. Es la punta de una madeja que se irá deshaciendo con el correr de las horas. El amanecer se lo enfrenta con la energía brindada por el descanso nocturno. Es otra posibilidad que nos da Dios para crecer y aprender a vivir.

La infancia se asemeja a esta fase del día, todo por descubrir, todo por aprender.

Esta es la historia de cuatro amigas que juegan y juegan sin saber que ese día quedará en la memoria de todas.

Milagros:­ ¡Ay chicas! Estoy un poco aburrida de jugar con estos peluches. ¡Siempre lo mismo, siempre lo mismo!

Macarena:- ¡Siiii, yo también ya me aburrí! ¿A qué podemos jugar ahora?

Silvana: – ¡Ya sé! …¿Y si jugamos a lo que cada una quiere ser cuando sea grande?

Micaela: – ¡Siiiii, buenísimo dale, dale me gusta la idea! Pero… yo no sé que quiero ser cuando sea grande, falta mucho tiempo, recién estamos en salita roja…

Milagros: – Yo si sé que quiero ser cuando sea grande, quiero ser… actriz y trabajar en la tele. Ponerme muchos vestidos largos y que me peinen y me maquillen y firmar muchos autógrafos. Quiero ser famosa. Y quiero dale toooodo mi amor a mi público.

Macarena: – Yo, quiero ser jardinera y cuidar los jardines de toooodo el barrio.

Regar las plantas, podarlas cuando corresponde.,cuidarlas de las hormigas, ver crecer a los rosas y sentir el perfume de los jazmines y las fresias. Yo quiero darles toooodo mi amor a las flores.

Silvana: – Yo, en cambio, quiero ser doctora para curar a los nenes y darles remedios cuando están enfermos.

Revisarlos en el consultorio y ponerles el palito en la boca para mirarles la garganta, y también quiero pesarlos y medirlos.

Quiero darles toooodo mi amor a mis pacientes.

Micaela:- Mientras ustedes hablaban ya pensé qué quiero ser cuando sea grande. Quiero ser cocinera y hacer ricas tortas, pasteles y budines.

Quiero tener mi negocio y que todo el barrio diga: ¡qué cosas ricas que vende Micaela!

Quiero darle todo mi amor a mis masas.

Mmmm…

Las agujas del reloj giran imparables, saben que nadie las pueden detener. Nunca las escuché emitir alguna queja por no tener descanso.

Cuando marcan las doce del mediodía el sol está bien en lo más alto, casi no permite que se formen sombras, nos indica que es la mitad del día y ver cuántas cosas hicimos hasta ese momento y cuánta nos queda por hacer.

Cuando la amistad que se forja es verdadera siempre termina por unir a las personas.

Este encuentro tiene como testigo al sol del mediodía y como protagonistas a las cuatro amigas ya convertidas en mujeres.

Milagros:- ¿Qué tal chicas? ¡Tantos años sin vernos! Fue una muy buena idea llamarnos para encontrarnos y charlar.

Macarena:- Si, después de tanto tiempo seguramente cada una tendrá muchas cosas para contar de su vida.

Silvana:- ¿Se acuerdan de cómo jugábamos cuando éramos chicas? No nos cansábamos nunca.

Podíamos estar hoooras y hoooras corriendo, saltando… qué se yo.

Micaela:- Se acuerdan que una vez jugamos a ser grandes y cada una contó lo que deseaba para su futuro ? ¿En qué quedaron nuestros sueños y deseos?

Milagros:- Recuero perfectamente lo que dije ese día. Yo quería ser actriz y darle todo mi amor a mi público.

Pero…no fue así.

Más tarde me di cuenta que lo que más me gustaba era ser maestra y enseñarles a leer y escribir a los chicos. Es a ellos a quienes les doy todos los días de mi vida mi amor y dedicación.

Macarena:- ¡Y yo que quería ser jardinera y cuidar y regar flores! Se puede decir que muy alejada no estuve, porque trabajo en un jardín…pero de infantes. Tengo mis pimpollos a los que veo crecer día a día.

Es a ellos a quienes le brindo mi amor.

Silvana:- Yo tampoco estuve muy alejada de mi deseo. Yo quería ser médica pediatra, pero soy profesora de educación física.

Estoy en contacto con niños todo el tiempo y mis deseos de curarlos a veces lo pongo en práctica cuando se me lastima algún alumno. A ellos les doy mi amor siempre.

Micaela: – Yo recuerdo que quería ser la cocinerita del grupo. ¡Si habré ensuciado la cocina de mi casa con harina, huevos y leche! Recuerdo que quería darles todo mi amor a los postres y a las masas, pero no fue así.

Un día me puse a jugar con la masa y le empecé a dar distintas formas, fue ahí que descubrí mi pasión por el arte. Entonces me dediqué a ser profesora de plástica y enseñarles a mis alumnos los secretos de la escultura y el arte de pintar.

Todo mi amor lo volqué en la escuela.

El ocaso nos avisa que el día está por terminar, pero… hay que ser optimistas porque pronto llegará la noche y con ella la inspiración de muchos poetas.

La presencia de la noche con lunas y estrellas es el escenario perfecto para las personas que saben ver un poco más allá.

Nada se termina allí, porque siempre, siempre estará latiendo un nuevo amanecer impaciente por renacer.

Todo depende de cada persona.

La historia de estas cuatro amigas sigue, como sigue corriendo el agua de los manantiales y como siguen chocando las olas contra las rocas.

Esta vez deciden verse en una plaza y eligen el atardecer para hacerlo, pues creen que hay ocasos que pasan inadvertidos y que otros en cambio son dignos de retratar.

Este encuentro ocurre mientras el sol se esconde y pinta al cielo de cálidos fucsias y naranjas.

Los rostros de las cuatro amigas también reflejan el paso de los años, pero el resplandor del ocaso las ilumina por fuera y por dentro.

Milagros:- ¡Ay chicas! Parece mentira cómo pasa el tiempo. Ya estamos jubiladas y sentadas en un banco de una plaza como alguna vez lo hicieron nuestros abuelos.

Macarena:- Pensar que antes, cuando éramos chicas veníamos a la plaza para hamacarnos, o para jugar en la trepadora. ¡Cuántos porrazos que nos dimos por jugar carreras para llegar primero a la calesita y subirnos al único caballo de madera que subía y bajaba.

¿Se acuerdan? Estaba pintado de blanco con las crines negras y una montura colorada con ribetes dorados.

Silvana:- Si, después cuando fuimos adolescentes elegíamos la plaza para estudiar bajo la sombra de algún árbol.

Y ahora estamos acá, cuidando a nuestros nietos.

No me quejo de nada, la vida fue buena con nosotras, aunque añoro un poco la escuela.

Micaela:- Chicas, es la ley de la vida y no tenemos que ser egoístas.

Nosotras tuvimos la oportunidad de realizarnos profesionalmente y trabajar de lo que realmente quisimos. Ahora es justo que otros, que tienen la misma vocación, puedan desarrollarla plenamente..

Milagros:- Es cierto, en la vida siempre hay un tiempo para todo y les digo más, para la sociedad estaremos jubiladas, pero la docencia no tiene fecha de vencimiento, así como tampoco nadie se jubila de hija, de madre, de hermana, de nieta, sé es siempre.

Es más, el amor verdadero… tampoco tiene vencimiento.

Macarena:- ¡Qué hermoso sonó lo que dijiste!

Hemos vivido tantas cosas en la escuela que mientras las recordemos jamás podremos alejarnos de ella. Fueron muchos años.

Silvana:- Yo me emociono cuando algún exalumno se acerca tímidamente pensando que no lo voy a recordar y me saluda.

Bueno.. .me parece que ya tenemos que ir yendo para tu escuela de cocina.

Macarena:- Al final, a vos, el sueño de ser cocinera también se te cumplió.

Ahora enseñás otro tipo de arte.

Micaela:(mira el reloj): – ¡Uy, cierto!. En dos horas tengo que dar mi clase de cocina ¿Ven? Siempre se puede seguir enseñando.

Milagros:- ¡ Pero miren allá, a esos mocosos! Están pateando la pelota y las flores que encuentran en el camino. ¡Vamos, vamos a enseñarles que eso no se hace!

Micaela: -Se dan cuenta que nuestra tarea de enseñar no se termina nunca.

(Se levantan del banco de la plaza y las cuatro amigas se van caminando hacia donde están los mocosos pateando las flores)

Micaela:- ¡Chicos, dejen de patear la pelota donde están las flores!

Silvana:- ¡Eso no se hace!

Macarena: – ¡Vengan para acá que les queremos enseñar dónde pueden jugar!

Milagros:- ¡Ay, estos chicos! Todo depende de lo que nuestros ojos quieran ver. Todo se renueva, tantas veces como nuestro corazón así lo dictamine. Todo renace una y otra vez….como los momentos de cada día.

Autora: Graciela Noemí Monescau

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